Por: Fabricio Billiardi

Butch Cassidy y su banda de asaltantes supieron sembrar el terror en el Viejo Oeste de los Estados Unidos a fines del siglo XIX con sus robos a trenes, bancos y diligencias. Cuando se cansaron de aquellas tierras, buscaron nuevos horizontes y es así como acabaron en nuestro país, donde dejarían su huella para la posteridad. Esta es su historia…

Introducción

A mediados del siglo XIX Estados Unidos todavía era una nación muy joven, cuya población, compuesta en gran parte por inmigrantes, se encontraba distribuida en el extremo noreste del país, a lo largo de los 13 Estados originales. Era solo cuestión de tiempo hasta que sus habitantes comenzaran a posar su mirada en las grandes extensiones sin explorar que se extendían más allá del Gran Río, el Misisipi, y  en las oportunidades que éstas ofrecían. Fue así que gracias a una serie de medidas del gobierno y a muchos esfuerzos individuales comenzó la conquista del Salvaje Oeste.

El cruce del Misisipi, por Carl Christian Christensen.

El descubrimiento de metales preciosos desencadenó un periodo histórico conocido como la Fiebre del Oro, el cual vio nacer centenares y miles de nuevos asentamientos humanos, diseminados por todo el medio oeste estadounidense, y construidos alrededor o cerca de las minas de oro o plata. Como es sabido, con la civilización llegan la domesticación del territorio virgen, los cultivos y los animales de granja, estos últimos, necesitados de quien los maneje adecuadamente. Así aparece la figura del vaquero, o cow-boy, personaje simbólico del Viejo Oeste. Algunos de estos cuidadores de rebaños, sobre todo los de dudoso prontuario, rápidamente se unieron a las bandas de forajidos que acechaban alrededor de los poblados, asaltando las carretas que llevaban las ganancias obtenidas de la actividad minera o a los ciudadanos acaudalados. Con el pasar del tiempo, ciertos grupos de bandidos obtuvieron renombre en la región por su fiereza y sus constantes enfrentamientos con la ley, que luchaba por imponerse en un territorio que le quedaba demasiado grande.

La Wild Bunch

Entre estos bandidos habremos de nombrar a la Wild Bunch, quienes se jactaban de nunca matar a nadie durante sus robos, y la cual estaba liderada por Robert Leroy Parker, más conocido para la historia como Butch Cassidy, y sus compañeros de aventuras: Harry A. Longabaugh, alias the Sundance Kid, Ben Kilpatrick (“The Tall Texan”), Will Carver (conocido como “News Carver”) y Harvey Logan (llamado “Kid Curry”), a los que pronto se sumarían las forajidas Ann y Josie Basset y Etta Place.

Luego de una exitosa serie de robos y asaltos a trenes y bancos en los estados de Wyoming, Utah y Nuevo México, los miembros restantes de la banda que aún no habían caído ante las balas de los oficiales de la ley consideraron que era hora de huir para evitar la cárcel o un destino aún peor, y es así que el 20 de febrero de 1901 Butch Cassidy, Sundance Kid y Etta Place se embarcan en el carguero SS Soldier Prince rumbo a Sudamérica.

La Wild Bunch: sentados, de izquierda a derecha: Harry A. Longabaugh (Sundance Kid), Ben Kilpatrick (Tall Texan), Robert Leroy Parker (Butch Cassidy); parados, de izquierda a derecha: Will Carver (News Carver) y Harvey Logan (Kid Curry); foto sacada en Fort Worth, Texas, en 1900.

Llegada a la Argentina

Cassidy, Sundance y Etta Place arriban al puerto de Buenos Aires a mediados de marzo y, bajo los nombre supuestos de Ryan, Mr. Rose y la señora de Rose, respectivamente, reciben de parte del gobierno argentino cuatro leguas cuadradas de tierra (93 km²) en Cholila, Chubut, para dedicarse a la actividad de la ganadería, ya que se declaran expertos en la materia.

A fines de 1904, los tres bandidos abandonan su buena vida y su posición social en el sur para reunirse en Río Gallegos con tres de sus compañeros llegados desde el norte, Roberts Evans, William Wilson y Harvey Logan, y entre todos planean asaltar el Banco de Tarapacá, en Chile. El 14 de febrero a eso de las 14:30, el grupo ingresa a la entidad bancaria simulando ser respetables inversores y, después de reducir al personal, huyen con un botín de más de 483 libras esterlinas y 20 mil pesos. Después de escapar viajan hacia el norte, sabiendo que son buscados por las autoridades, tanto por el robo al banco como por los informes enviados desde Estados Unidos y que alertan a las autoridades argentinas de la verdadera identidad de estos extranjeros.

Sundance Kid, Place y Cassidy frente a su cabaña en Cholila, Chubut.

El robo al Banco Nación

La llegada de Cassidy y su banda a Villa Mercedes ocurre en diciembre de 1905. El periodista Hugo Aurelio Moreno, investigador del tema, relata: “la ciudad tenía unos 15 mil habitantes, y un inusitado movimiento comercial y de personas que diariamente arribaban allí, principalmente desde Córdoba y La Pampa. Unas sesentas tropas de carros o carretas y hasta millares de traficantes de cuero, plumas, ganaderos y aventureros, habían convertido la hasta hace poco pequeña aldea, más conocida en sus comienzos como “El Fortín de las Pulgas”, en una comunidad que se proyectaba como la principal del centro del país.”

Butch Cassidy y el resto de la Wild Bunch son recibidos por Mr. Winne, jefe de la estación ferroviaria de Villa Mercedes.

La población local los recibe como si se tratase de altos dignatarios europeos, asombrados por sus lujosos trajes y vestidos y por las armas que portan tres de los integrantes del grupo, a modo de “guardaespaldas” de Butch y su “esposa”, Etta Place. Tras alojarse en el Hotel Young, en las calles Balcarce y Riobamba, a tan solo una cuadra de la sucursal del Banco Nación, salen a hacer un reconocimiento del pueblo, y alquilan caballos a ganaderos de la región, los cuales luego usarían para su planificado robo. Así pasan los días, asombrando a los habitantes locales con sus habilidades con los caballos en el hipódromo y por las noches visitando los “bulliciosos fogones” de la “Plaza del Seis” (o Plaza España, como también se la conocía), ganándose la confianza de la gente.

Todo sigue igual hasta la mañana del 19 de diciembre, día en que Butch, en su calidad de líder de la pandilla, decide que ya tienen conocimiento suficiente del movimiento del pueblo y es hora del gran golpe. Alrededor de las 10:40, El grupo conformado por Hill Carner, Harvey “Kid Curry” Logan, Sundance Kid, Etta Place, y el mismo Cassidy, se dirige al edificio bancario, situado a poco más de cien metros del hotel Young, en la esquina de Belgrano y Riobamba, y proceden a ingresar exponiendo sus armas al grito de “Hands up” (arriba las manos), reduciendo rápidamente a los cajeros, mientras dos integrantes del grupo se quedan fuera a modo de “campana”. De las cajas logran extraer bolsas con monedas, libras esterlinas, dólares, y otros valores, por una suma de alrededor de 20 mil pesos de la época. El asalto, el primero contra un Banco Nación de la Argentina, podría haber resultado en un botín mucho mayor, si no fuera por la valiente actuación del gerente, Federico Hartlieb, y su hija de 17 años, Emilia, quienes se atrincheran tras el escritorio de la oficina del primero y se defienden a tiros, ahuyentando a los ladrones, que se ven obligados a dejar atrás la mayor parte del tesoro,  guardada al fondo del local, y que era su principal objetivo, ya que habían sido informados por sus “espías” que la sucursal había recibido una “remesa fabulosa”, de alrededor de “800 mil pesos fuertes”, de su central de Buenos Aires, para pagar a la tropa de la guarnición militar local y entregar centenares de créditos de inmigración y forestación agrícola.

Ilustración del Banco Nación de Villa Mercedes en 1905.

Al respecto, el historiador Hugo Moreno matiza: “Los proyectiles de los bandidos parecían querer convertir en una suerte de colador los muebles tras los que se refugiaba el gerente y la muchacha que defendían, lealmente, el tesoro del banco. Las astillas de madera arrancadas por los balazos, saltaban por el aire para convertir el piso del recinto en un suelo tachonado de virutas y esquirlas de madera. Y más impresionantes resultaban las verdaderas alfombras de vidrios despedazados por el tiroteo. El señor Hartlieb, usando una estratagema que había aprendido en sus juegos de guerra en su lejana Alemania de origen, arrojó una banqueta al otro extremo del sector donde estaba ubicado, a fin de despistar a sus enemigos y esperó unos segundos sin disparar. Uno de los atacantes cayó en la trampa y saliendo de su escondite, para mejorar su posición de tiro, trató de ganar de un salto una ubicación mejor detrás de otro mueble, pero la fracción de segundo que empleara para ello fue suficiente para que el gerente, ya preparado para el movimiento del hombre, le acertara un balazo en un hombro, haciéndole proferir alaridos de dolor…”

Además, el gerente recibió la audaz colaboración del auxiliar del banco Ventura Domínguez, quien había logrado escapar por una puerta lateral al comienzo de la balacera, pero que lejos de huir despavorido, va en busca de un revolver a su domicilio y regresa corriendo para enfrentarse a los maleantes, a los que alcanza a tirarles cuando ya habían emprendido una rápida retirada.

Curiosamente, la policía demoró en actuar, porque al escuchar los disparos, su primera reacción fue atrincherarse, temiendo una revolución popular que tratara de “voltear” el gobierno del doctor Benigno Rodríguez Jurado, como se venía sospechando y temiendo desde hacía un tiempo.

Plano de la manzana de la sucursal del Banco de la Nación Argentina asaltada: Estaba literalmente en pleno corazón de la ciudad de Villa Mercedes, a dos escasas cuadras de su plaza céntrica, y flanqueada, en la manzana que ocupaba, por la Casa Gargiulo, almacén de Mariano Gargiulo, en Riobamba; doblando por Junín se encontraba la Sociedad Italiana, cuyo terreno continuaba por Las Heras, para juntarse con la propiedad del mencionado Gargiulo que poseía barracas, además, en la misma manzana y en la de enfrente.

Después del en parte frustrado robo, la Wild Bunch huye hacia el sur, en dirección a la localidad de Batavia, y se cuenta que en medio del galope se despiden de la gente gritando “Adiós, Mercedes, up!”. Más tarde, perseguidos por una tardía cuadrilla de policías, se enfrentan con los oficiales a la altura de la laguna La Acollarada, en el sector de Las Isletas. El historiador Tello Cornejo opina distinto: “Yo creo que (esa historia) no es exacta, pienso, más vale, que la policía les tuvo miedo y no hubo tal encuentro”.

Informados por las autoridades, algunos capataces del sur de la provincia salen a cazarlos, pero al ver la superioridad de sus caballos y la habilidad con la que dominan las armas desisten rápidamente, dejándolos seguir su camino.

Acontecimientos posteriores y disolución de la Wild Bunch

Con el paso del tiempo, llegan a San Luis algunas noticias que dan cuenta del paso de la banda por el sur argentino: se supone que cruzaron la provincia de Mendoza y llegaron hasta Río Negro, donde es probable que se hayan contactado con algunos de sus asociados, para liquidar los bienes que aún poseían en Chubut.

Más allá de esto, el destino de la Wild Bunch es incierto, con muchas versiones cruzadas. La historia oficial relata que cruzaron los Andes hacia la seguridad (relativa) de Chile, y que Etta Place, cansada de esta vida de aventuras, regresó a los Estados Unidos acompañada de Longabaugh (Sundance Kid), embarcándose con destino a San Francisco, California, el 30 de junio de 1906.

Por su parte, Butch, bajo el nombre de Santiago Maxwell, se asienta en el pueblo de Santa Vera Cruz, en los andes bolivianos, donde consigue trabajo en la mina de estaño Concordia, siendo su responsabilidad, irónicamente, cuidar los fondos para el pago de los salarios de los mineros. Según este mismo relato oficial, poco después se le une su compañero Sundance, de vuelta de Estados Unidos, y el 3 de noviembre de 1908 se produce el asalto al correo de la mina de plata “Aramayo Franke y Cia”, por el cual son culpados y perseguidos por un pequeño grupo de personas entre los que se cuentan en alcalde local, además de algunos oficiales del ejército y soldados. La noche del 6 de noviembre, rodean la casa donde se ocultaban los bandidos y comienza una balacera en la cual resultan muertos los dos, aunque se cuenta que ambos cadáveres presentaban disparos en la sien, por lo que se deduce de esto que decidieron suicidarse al notar la superioridad de armamento que presentaban sus perseguidores.

Cartel en San Vicente, Bolivia, que proclama que allí descansan los restos de Butch Cassidy y Sundance Kid.

Sin embargo, existieron informaciones, tales como la de la hermana de Cassidy, Lula Parker Betenson, de que el forajido regresó a Estados Unidos y vivió en el anonimato durante muchos años. En su biografía Butch Cassidy, mi hermano, Betenson cita varias situaciones en las que personas que conocían a Parker se encontraron con él con posterioridad a 1908, y ella relata además una detallada “reunión familiar” de Parker, su hermano Mark, su padre, y Lula, en 1925.

Por su parte, Frank Dimaio, detective de la agencia neoyorquina Pinkerton, encargada de seguir y apresar a la banda desde sus tempranos días de robos en Estados Unidos, informa que la banda termina sus días en Mercedes, Uruguay, cuando intentaban asaltar un banco, asegurando que un señor de apellido Steel identificó los cuerpos con sus propios ojos. Por su parte, la agencia Pinkerton convalida esta versión como la verdadera, aunque también publica la que los da por muertos tras al asalto a la mina Alpacoa, en Bolivia, que es la que recoge finalmente la famosa película de wéstern “Butch Cassidy and the Sundance Kid”, protagonizada por Robert Redford y Paul Newman en 1969.

Para cerrar, cabe destacar el viaje que realizó el famoso antropólogo forense estadounidense Clyde Snow a San Vicente, Bolivia, en 1991, para identificar los restos de Cassidy y Sundance. A pesar del arduo trabajo de Snow y su equipo, finalmente no se hallaron restos cuyo ADN coincidiera con el de los forajidos supuestamente fallecidos en el lugar.


El desenlace de la historia de Butch Cassidy, su leal amigo Sundance Kid y la osada Etta Place probablemente permanezca como un misterio sin resolver, quizás agigantando de esta manera el mito de la Wild Bunch, últimos de una estirpe desaparecida hace largo tiempo, pero que aún puede ser encontrada en la imaginación y en la memoria popular, cruzando raudos, como fantasmas sin sombra, las amplias soledades de las pampas para llevar el caos y el asombro a la vida de personas más simples, siempre adelante, siempre victoriosos, con esa sonrisa y ese brillo en los ojos del que supo vivir, y morir, en su propia ley.

Fuentes: Butch Cassidy and the Wild Bunch – Asalto al Banco Nación en Villa Mercedes, de Ricardo A. Gutiérrez y Hugo A. Moreno (1992) / Cow-Boys en la Argentina, de Rafael E. Stahlschmidt-Laulhé (2005)

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